El reciente ataque ocurrido en la zona arqueológica de Teotihuacán ha reavivado el debate sobre el papel que desempeñan ciertas comunidades digitales en la forma en que se consume y normaliza la violencia. En particular, autoridades y especialistas han puesto atención en la llamada True Crime Community (TCC), una red de usuarios en línea que gira en torno al análisis —y en algunos casos la idealización— de crímenes reales.
De acuerdo con un informe elaborado por la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional de Argentina, este fenómeno no funciona como una organización formal, sino como una red que se construye gradualmente a través de la interacción en distintas plataformas digitales.
El proceso suele comenzar en espacios abiertos como TikTok o YouTube, donde los usuarios consumen contenido sobre casos criminales presentado como material informativo o documental. Sin embargo, la exposición constante puede modificar la percepción de la violencia, especialmente entre audiencias jóvenes.
Posteriormente, algunos usuarios migran hacia comunidades más cerradas, como foros o grupos en línea, donde el contenido cambia de tono. En estos espacios comienzan a circular referencias recurrentes a agresores, memes basados en ataques reales y conversaciones que dejan de lado a las víctimas, lo que contribuye a generar una narrativa compartida en torno a la violencia.
